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Trabajar para una crisis de comunicación es una actividad gratificante. Lo dice la química, cuando una persona se encuentra en una situación peligrosa, el hipotálamo ordena liberar adrenalina. La respuesta del cuerpo es instantánea porque disminuye la capacidad de sentir dolor, y se produce el conocido como “subidón de adrenalina”.

Ante esta reacción, nuestro cuerpo se prepara para estar alerta ante una posible situación de peligro. Siento en ocasiones cómo mi organismo tiene estos efectos, que bien manejados, pueden ayudarte a salir airoso en situaciones de crisis de comunicación: estado de euforia, locuacidad, rapidez a la hora de tomar decisiones, energía física… en definitiva, sentir que puedes con todo.

En mi opinión hay 3 claves a manejar en una crisis de comunicación y en las que la adrenalina, bien manejada, será nuestra aliada.

  • Calma y serenidad ante el nerviosismo y las prisas de otros. Hay que tener la cabeza fría para analizar el maremágnum de datos, análisis, comentarios y opiniones que se producen en torno a la mesa del grupo de crisis. Hay mucho ruido, se habla mucho, y los de comunicación tenemos que saber separar lo importante de lo anecdótico para construir el mensaje.
  • Fortaleza para asumir que todos miran hacia ti como responsable de que el impacto sea el menor posible. Seamos conscientes de que en gran medida se espera que la comunicación acabe con la crisis cuanto antes, que seamos capaces de reducir el impacto externo, en medios, en redes, sea donde sea. Se necesita fortaleza y seguridad en uno mismo para asumir la responsabilidad, y la adrenalina, sin duda, puede ayudar.
  • Energía física y resistencia en dos sentidos. Por un lado, en cuanto al conocimiento y experiencia que se adquieren, y por otro, en cuanto a la duración cuando se trata de una crisis larga.
    • Lo mejor de una crisis es lo que aprendes. La energía es fundamental para ser capaz de asimilar, absorber e interpretar la información que recibes porque somos el departamento al que llega todo: informes, análisis… Sin duda se aprende mucho, mucho, mucho en una crisis.
    • El segundo punto es duración. Hay crisis de larga duración para las que hay que tener mucha resistencia física y mental. Para estas no hay nadie preparado y la clave es el trabajo en grupo. La unidad de la compañía y el apoyo de todos los departamentos entre sí es fundamental.

¿Qué pasa cuando termina la crisis?

Lo primero de todo es asumir que un día terminará, sobre todo, cuando se trata de una crisis de duración larga. Hay que saber prepararse para el final.

Nuestro cuerpo vuelve a su estado normal, se acabó esa sensación de euforia y de extrema energía por lo que tenemos que saber volver al día a día.

El cambio viene por uno mismo y por el tipo de trabajo que tenemos que empezar a hacer. Volver a la normalidad, planificar (¡y esperar que no llegue pronto una nueva crisis!), pensar historias que cambien tu discurso con los medios, dejar de lado y olvidar de tu vocabulario los mensajes aprendidos para la crisis y ser capaz de cambiar el chip. Hablar de futuro, de historias bonitas de tu compañía, de personas y de proyectos.

Las crisis se acaban y hay que aprender a vivir en la normalidad mirando hacia el futuro.

 

*Artículo escrito por Rosa Yagüe, directora de comunicación en Coca Cola

 

Silvia Albert

Silvia Albert

Directora general / Agencia comma

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