Historietas de ascensor y el peligro de comunicar. Un grupo de empleados de una corporación financiera sube de fumar un cigarrillo una mañana cualquiera al pie de su torre de turno. En el hall, mientras esperan al ascensor para subir a la planta 33, uno dice al otro: “la operación está a punto de cerrarse macho. Garesa lanzará la OPA antes de que cierre el mercado”. A la media hora leen en un medio financiero online: “Garesa a punto de lanzar una OPA a Vident”. Se oyen voces desde la torre: “¡¿Quién ha filtrado la noticia?!” Los protagonistas ni si quiera lo sospechan. Desconocen que un periodista que venía a ver a otra empresa de la misma torre, esperaba el ascensor junto a ellos…

Una cena de amigos, amigos de siempre que han cambiado de parejas. Risas. Cervecitas. Un entorno relajado. La nueva novia de Pepe es secretaria en un despacho de abogados. Cuenta en los postres que cansada está de salir tarde todos los días, que un grupo de inversores está a punto de lanzar una demanda contra una entidad financiera, su jefe está comprando el testimonio de los testigos… El lunes lo publica un periódico general. ¿Quién ha filtrado la historia, con qué intereses, sería la competencia? La secretaria ni sospecha que la mujer del amigo de Pepe trabajaba en el diario El General.

En un avión, dos banqueros hablan de la operación que van a cerrar en París. Nada más aterrizar se almuerza la noticia y pierden la operación. ¿Quién ha filtrado la noticia? ¿Cómo es posible? Ninguno de los dos sospecha que había una persona de la competencia que quería robar esa operación, que tenía un amigo periodista al que mandó un mail nada más aterrizar….

De copas un empresario trata de ligarse a una bella mujer en la barra. Le paga una copa y comienza a contarle todos los planes de su compañía. La mujer estaba esperando a una amiga y cuando ésta llega, se van y le dejan plantado.  No sólo se va solo a casa, sino que además al día siguiente la agencia de noticias X publica con pelos y señales toda la información… ¿Quién lo habrá filtrado?

En un taxi, un hombre habla por el móvil: “no compréis Ultrafónica, mis últimos análisis han descubierto que la empresa está a punto de convocar un concurso de acreedores” El siguiente pasajero sube al vehículo. “A la  redacción de El Financiero, por favor” y el taxista le cuenta, menudo tiburón acaba de bajarse en el taxi y lo que ha soltado… El pasajero saca el block de notas. Los de Ultrafónica aún no saben cuál habrá sido la garganta profunda.

Y así podríamos seguir hasta el infinito. ¿Cuál es la moraleja?: cuidado con lo que comunicas… y también con dónde lo haces. Lógicamente estamos a la guardia cuando hacemos una entrevista, hablamos con la competencia o nos graba una cámara. En esas situaciones tenemos cuidado a la hora de comunicar o no la información sensible. Sin embargo, que fácilmente se nos olvida esta cautela al salir del despacho.

Los lugares comunes son peligrosos: aviones, teatros, restaurantes, parques, la calle… Cuando más relajado es el ambiente, más cuidado hay que tener. Nunca sabes quién se sienta a tu lado al autobús, quién está saliendo con tu amiga, dónde trabaja el vecino que se sienta a tu lado en la oficina.

Hay una máxima de comunicación que no falla: No digas lo que no quieras ver publicado, en ningún lugar.

 

Agencia comma

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