Francesco Schettino, el capitán del crucero Costa Concordia que encalló el pasado viernes ante la isla del Giglio, se ha convertido en el foco de atención de titulares y comentarios. Ha sido llamativa la cantidad de rumores y anécdotas que han circulado sin una réplica contundente por parte de la empresa. Muy al contrario, parecía que la posición oficial era de consentir estos rumores. En la primera comparecencia en medios se limitaron, únicamente, a decir que nunca consideraron que algo así pasara, y que tanto el capitán como el resto de tripulación se someten a pruebas de drogas y alcoholemia con regularidad.

¿Un oportuno chivo expiatorio? Según la tradición bíblica, los chivos expiatorios cargaban simbólicamente las culpas del pueblo para después ser desterrados al desierto, en medio del griterío e insultos de la misma gente que venía de ser redimida. Conviene recordar el origen de la expresión y analizarlo desde el punto de vista de la comunicación de crisis: el responsable se convierte en inquisidor al tiempo que desplaza el foco de atención hacia alguien más.

Es justamente lo que ha hecho la compañía naviera. Ayer lo declaró formalmente, al presentarse como ¡afectada por el naufragio!. Así, sin el menor pudor y con todo el cinismo para no reconocer que, si bien hubo un error humano, la compañía es responsable de la selección del personal, previsión de catástrofes, realización de simulacros… En pocas palabras: si la tripulación no estuvo a la altura es evidente que la culpa no fue sólo del capitán.

El capitán del barco no ha sabido ser su propio portavoz de cara a los medios de comunicación. Lejos de dar su versión oficial ha dejado que otros hablen por él y está pagando las consecuencias. Un juicio formal determinará su grado de responsabilidad pero, mientras tanto, será interesante ver si se deja llevar por la corriente o cambia de estrategia. En su día lo hizo Jérôme Kerviel, el defraudador del banco Société Générale, quien preparó una agenda de entrevistas e incluso la publicación de un libro un mes antes del juicio para defender su versión en contra de las acusaciones del banco. Él tuvo claro que su juicio también se dirimía en los medios.

Las pérdidas de la empresa en bolsa ya suman 845 millones y previsiblemente aumentará la factura, no sólo en euros sino en reputación; no obstante, hay que aceptar que el capitán habrá hundido el barco, pero en materia de imagen y mensaje, le ha hecho un gran favor a Cruceros costa al desplazar el foco de atención hacia un nuevo chivo expiatorio.

Valeria Ramírez

Consultora

Silvia Albert in company

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