Cuando a finales de 2009 me convertí  en madre, tuve la extraña sensación de tener que elegir entre quedarme en casa a cuidar a mi bebé, estancando así toda mi trayectoria profesional. (“¿No vas a pedirte un excedencia para cuidar de tu bebé?”, me preguntaban una y otra vez) o continuar con mi trabajo, mis horarios y todas mis rutinas profesionales como si nada hubiera pasado; eso sí a golpe de guardería.

Durante un tiempo tuve la sensación de que no había cabida para las medias tintas. Sencillamente, en la nueva situación en la que me encontraba, parecía que tenía que ser  blanco o negro. Por suerte, con el tiempo, me di cuenta de que no, de que entre el blanco y el negro había una infinidad de tonalidades a elegir.  Yo elegí un gris neutro.

Siempre tuve claro que no quería dejar de trabajar. Quería seguir haciendo lo que me gustaba y donde me gustaba, pero claro está, sin olvidar, que desde entonces mi vida era otra y asumiendo mi nueva condición familiar. Opte por la reducción de jornada, lo que me permitiría continuar desarrollando mi faceta profesional y poder disfrutar también de mi nueva condición de mamá, tan importante para mí.

Soy consciente de que soy una afortunada. Una afortunada por conservar mi trabajo y también muy afortunada por trabajar en una empresa donde la conciliación no es algo bucólico e inalcanzable; en Silvia Albert in company la conciliación es real. Tener cierta flexibilidad para adecuar tus horarios; que te faciliten el teletrabajo cuando te surgen imprevistos… humanizar las relaciones entre el empresario y sus trabajadores creo que es algo vital. En definitiva, que ambas partes se escuchen. Y lo duro es pensar que lo que para mí es normal para muchas otras personas sea algo difícil o casi imposible de alcanzar. ¿De verdad que resulta tan difícil?

Sin embargo, la clave de poder conciliar no es solo encontrar una empresa que practique estas buenas conductas con sus trabajadores, sino que el trabajador también sepa responder a la empresa con el mismo grado de compromiso y reciprocidad. Que igual que la empresa muchas veces se pone en tu lugar para entender tus imprevistos y tus caos repentinos, y responde como tú deseas, el trabajador debe entender que la empresa puede tener imprevistos y situaciones imprevistas en las que precise de tu ayuda para resolver, y sea entonces cuando tú respondas con el mismo grado de compromiso y humanidad.

Sin duda, saber ponerse en el lugar del otro – sea del lado que sea-, arrimar el hombro, ayudar y trabajar en equipo son las bases para que cualquier relación profesional funcione. Y todo esto no cuesta cuando la base de una buena relación humana es mutua. ¿Tan difícil de verdad puede ser para muchas empresas humanizar la relación con sus trabajadores?

 

Natalia Martín

Natalia Martín

Administración y servicios generales / Agencia comma

8 Comments

  • La verdad es que es una suerte la tuya. En mi caso trabajo desde casa. Y doy gracias por ello, porque de lo contrario mi horario me impediría algo tan caprichoso por mi parte como ver a mi hija. Diana, por su parte, dejó el trabajo aprovechando un ERE. En su empresa le iban a bajar el sueldo y reduciendo la jornada, con los gastos que ello supone (guardería, gasolina, tiempo…), casi que iba a tener que pagar por trabajar. Y no me parece lógico. Creo que harían falta muchas más empresas como Silvia Albert que comprendan que la vida es algo más que trabajar.

    • ¡Mucha suerte! Ojalá todas las empresas conciliaran como lo hace esta. Desde luego que hay vida más allá del trabajo, y cuando disfrutas de ella se nota en tu forma de trabajar. Ojalá todas las empresas se dieran cuenta también de eso. TODOS salimos ganando con la conciliación. ¡Muchas gracias por tu comentario!

  • Silvia dice:

    La clave del éxito en la conciliación es, como muy bien apunta Natalia, el ‘ida y vuelta’ Muchas veces se abusa de estas situaciones. Las empresas deben cambiar el chips de ‘horas trabajadas’ por ‘horas productivas’ y confiar en que los profesionales apuestan por lo que hacen. Los profesionales, por su parte, deben ser capaces de no jugar con estas ventajas y demostrar que es posible estar al 100% en las horas que se decidan trabajar. La flexibilidad no debes ser solo una obligación de la empresa sino una apuesta de ésta y de los profesionales. Las nuevas tecnologías han venido en favor. La pena es que siempre sean las mujeres las que tengan que ‘conciliar’.

  • paula sd dice:

    Yo soy también gris. Durante un tiempo, en los inicios de mi vida como madre, lo pasé mal. Creía que no se podían hacer ambas cosas y disfrutarlas las dos.
    Hoy por hoy, yo no soy profesional sin ser madre, ni madre sin ser profesional. Es todo parte de mi. Lo que me molesta especialmente es la continua guerra, los bandos: si te quedas renuncias a tu realización profesional, si te vas renuncias a tus hijos. Dejemos de restar y sumemos, que es mucho mejor para todos.
    Pero la conciliación no es sólo para las madres: es para todos, para poder tener una vida. Las horas producidas(como apunta Silvia) es lo que debe contar.

    Paula

    • Muchas gracias por tu comentario Paula. Se puede ser las dos cosas a la vez, ¡sin duda! Coincido contigo en el tema de las horas producidas, al final es lo que de verdad cuenta. Y desde luego que la conciliación es un tema que nos afecta a todos, hombre y mujeres.

  • Ya conoces mi permanente preocupación por este tema y mis ganas de cambiar las cosas. Creo que es algo que debería garantizarse por ley para cualquier trabajador (que todos tenemos una vida en la que nos gusta disfrutar de tiempo de ocio). Estoy completamente de acuerdo en que ha de ser recíproco, si la empresa se compromete contigo tú tienes que comprometerte con ella, cómo no? También creo que trabajadores felices son trabajadores más productivos, pero creo que ese mensaje no cala en el país del “presentismo”.
    Buen análisis Natalia.

    • Muchas gracias por tu comentario Leticia. Si las empresas se dieran cuenta de verdad de que trabajadores felices son trabajadores más productivos, otro gallo cantaría. Si mejoraramos en este tema todos saldriamos ganando. Yo tengo la suerte de que la emrpesa donde trabajo es muy consciente de ello, pero me encantaría que fuese así en todas. ¡Se puede!

Leave a Reply