Los influencers están en auge, blogueros o instagramers con miles de seguidores en RRSS y una comunidad fiel que para las marcas cuentan con un gran atractivo, pero… ¿saben las marcas sacarles el máximo partido con el gran potencial que tienen? Con una buena estrategia de comunicación y acercándose a ellos de forma correcta las marcas saldrían beneficiadas, sin duda. Potenciarían su marca y el éxito estaría casi garantizado. Pero aunque todo esto parezca obvio, todavía hay muchas marcas que no saben darle a la estrategia de comunicación el valor que tiene y siguen sin dedicar parte de sus presupuestos a contratar a buenos profesionales en comunicación que les asesoren y les sepan diseñar campañas a medida y de calidad.

De este tema saben mucho grandes influencers que cada día se topan con empresas que lo hacen muy bien y con otras muchas que todavía siguen estancadas, que parecen no querer evolucionar, y que siguen pensando que su forma de hacer las cosas es la única que vale y no quieren dejarse asesorar. María José Cayuela es bloguera e influencer en el sector maternal desde hace más de 10 año. Una gran profesional autora de varios blogs muy conocidos (“Blogmodabebe“, “Juguetes e Ideas“, “Familias Activas” y “Trends and Fashion“, entre otros ) Cuenta con miles de fans en RRSS que la siguen muy de cerca, además de un largo currículum en el mundo de la comunicación. Pero lo que sin duda destaca en ella es que María José pone profesionalidad, corazón y ganas en todo lo que hace y eso se nota en el resultado. Experiencias con marcas seguramente nos podría contar muchas y anécdotas miles o millones…  Hoy tenemos la suerte de tenerla por aquí para hacerle algunas preguntas que seguro no ayudarán a entender mucho mejor como desarrolla su trabajo.

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Hay gente que todavía piensa que ser bloguera hoy en día significa vivir sobre una alfombra roja. ¿Nos cuentas en que se traduce un día en tu agenda de esos en los que tienes que asistir a tres eventos?

Nada de alfombra roja. Cada vez tengo menos claro que esa sea la percepción que se tiene de un blogger. Mi día a día es de locura y, sin embargo, pienso que a causa de la aparición desmesurada de personas que se abren un blog pensando que esto es jauja (sin que esta circunstancia les dure mucho cuando se dan cuenta de lo durísimo que es y de las horas que hay que echarle) hace que emerja una corriente crítica hacia los y las bloggers. En el último lugar que he estado, y hablando con muchísimas marcas, he constatado que algunas tienen una percepción muy equivocada de nuestro trabajo.

Las que nos conocen bien, porque hace tiempo que colaboran con nosotros y saben de nuestra profesionalidad y resultados, valoran muchísimo (y hasta se apiadan) de la vida loca que llevamos (entre trabajo, redes sociales, blog, casa, hijos y pareja); pero las que solo nos conocen de oídas o han tenido la mala suerte de topar con ese blog o Facebookero emergente que solo pide y pide regalos (creyendo que la marca está obligada a hacérselos)… ¡Hay amigos! Estos tienen una malísima percepción de lo que es un blogger. Para nada creen que vivamos en una alfombra roja. Todo lo contrario, nos ven como amas de casa, jovencitas sin estudios o señores en batín, que se levantan de la cama, se preparan un café y se sientan en su comedor frente al ordenador a enviar propuestas indiscriminadas de colaboración a cambio de regalos y mensajes en Twitter. Yo lucho cada día para explicar que no somos así, que somos profesionales, en mi caso del periodismo, que hablamos y opinamos libremente en nuestro blog, Facebook o Instagram sobre los temas en los que nos hemos especializado (en mi caso durante diecisiete años) y que estamos remunerados, porque lo nuestro no es una distracción, ni un hobby, sino un trabajo al que dedicamos muchas, muchas, muchas más horas al día, que una jornada laboral completa. Porque para atender a nuestros lectores, compartir con ellos contenidos y conocer las propuestas y productos de las marcas, previamente debemos testarlos para dar nuestra opinión sincera. Y eso lleva tiempo.

Personalmente, escojo cada vez más las propuestas a las que dedico mi atención y trabajo. Nunca cobro por mis opiniones; nadie me obliga a escribir nada que no quiera;, no hago publirreportajes (los medios, sí) pero las horas de dedicación a asistir a un evento, hacer fotos, vídeos, editarlos, subirlos a las redes sociales, compartirlos, escribir, comentar, etc. tienen un coste y para mi cada vez este es más alto. Y en eso estamos ahora (y hay quien todavía no se ha enterado): hacer entender que ni somos estrellas del firmamento ni que vivimos del aire.

Un periodista siempre cobra por su trabajo. ¿Consideras que el trabajo de un blogger siempre tiene que remunerarse?

Lo he comentado antes pero ahora pondré un ejemplo que me ha acompañado toda la vida. Cuando hice mis primeras prácticas en la televisión (que eran remuneradas y bien remuneradas) uno de mis compañeros de sección en los informativos me dijo: “nunca trabajes gratis, es tu valor, tu tiempo, tu conocimiento, tus años de estudio… Nadie puede pedirte nunca que lo hagas y tú no debes hacerlo”. Llevo casi 20 años en el mundo del periodismo y siete como blogger especializada en temas de familia, ¿cree alguien que mi experiencia cuando asesoro a una marca o aconsejo a un lector no tiene valor? La madurez profesional es la que me ha enseñado en la vida a dar respuestas, a aportar soluciones para ayudar a los demás. Esa asesoría, ese conocimiento, se tiene que remunerar. Lo que hagan los demás bloggers me afecta (si trabajan gratis) y no me afecta (algún día pensarán como yo). Lo que sí tengo muy claro es que quien quiera trabajar conmigo tendrá que pagarme.

A estas alturas, seguro que todavía te sigues encontrando con marcas que podríamos denominar prehistóricas en materia de comuniación. ¿Nos cuentas alguna de esas propuestas un tanto surrealistas que soléis recibir las blogueras?

Hay dos tipos de prehistoria. La primera es la del Homo Sapiens. Pertenecen a ella todas aquellas empresas que no han entrado en el universo de los blogs (o influencers) ni en las redes sociales pero entienden claramente cómo funcionan. Se han dedicado a su negocio y, en función del sector, establecen ahora un primer contacto. Estas organizaciones son ‘sabias’ y nunca te harán una proposición a cambio de nada. Respetan tu trabajo y son conscientes de que puedes ayudarles en un terreno que para ellos es desconocido.

Luego está la prehistoria del Homo Habilis (mucho anterior que el Sapiens). Pertenecen a ellas todas las empresas que te siguen enviando mails con notas de prensa o propuestas en las que dejan claro que quieren que trabajes para ellas a coste cero. Llevo 10 años explicando cómo trabaja un bloguero. Empecé en 2005 como coautora y coordinadora del libro “Los blogs en la comunicación empresarial en España”. En el año 2015 hay quien todavía no se ha enterado o es tan ‘habilis’ que no quiere enterarse.

La estregia de comunicación en cualquier empresa o marca por pequeña que sea puede ser la clave de su éxito. Como experta en la materia, ¿qué les dirías para convencerles?

He participado en la creación de diferentes empresas, algunas start ups que han crecido con éxito. Desde el inicio, en el business plan, estaba la comunicación como clave y estratégica para el éxito de la compañía. No puedo entender a una organización que no la considere así. Que piense en ella como en un gasto y no como en la mejor inversión que sin duda podrá hacer. Quien no comunica no existe. La mente del consumidor se llena de impactos de comunicación cada día. El reconocimiento de una marca, de un producto, pasa por una comunicación constante, no por acciones puntuales. No se puede crecer sin crear marca; no se puede tener una empresa de éxito sin comunicar. Las organizaciones que más lejos han llegado son las que mejor han comunicado, ya sea a través de su diferenciación en producto, de sus directivos, de sus campañas, de sus empleados, de sus proveedores… y, sobre todo, de sus audiencias. Hoy en día el futuro de la comunicación pasa por la creación de contenidos de valor más allá de los que una marca genere por si misma. Es el usuario, la audiencia, quién habla, comenta y comparte su visión sobre una empresa. Si esta no escucha, no genera mensajes, ni gestiona estratégicamente lo que se dice de ella, dejará al amparo de las audiencias la imagen de su negocio y con ella su futuro.

Natalia Martín

Natalia Martín

Administración y servicios generales / Agencia comma

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