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Cuando un experto concede una entrevista a un medio de comunicación, obviamente se espera que hable de los temas en los que está especializado. Sin embargo, las mejores entrevistas siempre son las que tienen en cuenta el factor humano. Las preguntas que van un paso más allá de la faceta laboral del entrevistado no sólo enriquecen el resultado final, sino que hacen que el encuentro sea agradable y productivo para ambas partes.

En las entrevistas, un consultor de comunicación es una mezcla de notario y árbitro en un partido de tenis: observa la interacción entre el periodista y en entrevistado, toma nota, interviene si hay algún tema que no se pueda abordar o si alguno de los dos necesita apoyo. Desde esa posición, se ven y se viven muchas cosas: momentos tensos, conversaciones interesantes, confusiones… Pero hay algo que rara vez cambia: casi siempre las entrevistas se centran al 100% en la temática pactada, ya sea objetivos corporativos, perspectivas económicas u oportunidades de inversión.

Sin embargo, como consultores en Silvia Albert, también hemos tenido la suerte de ver surgir una magia especial en algunas de las entrevistas a las que hemos acompañado a nuestros clientes. Y precisamente eso sucede cuando hay complicidad y cuando la conversación fluye e incluso sale por un momento de los cauces de lo evidente. Un buen ejemplo fue cuando David Fernández (El País) le preguntó a Dan Fuss, de Loomis Sayles, si todavía seguía con el sueño de saltar en paracaídas. O cuando Inés Abril (Expansión) se interesó por la faceta musical de Yves Robert-Charrue, de Julius Baer. Incluso tuvimos la suerte de vivir en primera persona ese ‘toque diferente’ en la entrevista que Marta García Aller (El Independiente) le hizo a Silvia Albert, en la que hablaron no sólo de comunicación y liderazgo femenino, sino también de feng shui y las dudas financieras de su hijo.

La complicidad es algo que no se puede prever: la conexión entre entrevistador y entrevistado es muchas veces una cuestión de química y suerte. Pero como consultores muchas veces sí podemos ayudar al periodista a encontrar un enfoque diferente. Por ejemplo, podemos informarnos sobre detalles curiosos o significativos de la biografía del cliente (dónde nació, qué estudió, hobbies si tiene alguno conocido…) o sugerirle temas menos convencionales que se hayan tratado anteriormente. También conviene informarse bien de cómo es el experto que va a conceder una entrevista: si habla o no español, si es tímido o buen speaker, si le gusta hacer prensa. En definitiva, los primeros que debemos afinar el olfato somos nosotros. De esa manera, conseguiremos que la entrevista sea un momento para derribar muros, un momento propicio para que se produzca una conversación enriquecedora, de humano a humano.

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