Un buen amigo, experto en oratoria, me comentó una vez que una de las técnicas que más impactaba a sus alumnos es la que les enseña a controlar al público mediante la respiración. Es decir, el orador juega, por ejemplo, a mantener la respiración en algunos momentos para enfatizar y logra crear un clima de anticipación que atrapa a quien le escucha.

Conseguir algo así necesita asesoramiento y probablemente muchas horas de trabajo. Y no nos engañemos: de forma natural hay gente que brilla de verdad cuando se sube a un estrado y otra que gana en las distancias cortas.

Sin embargo, está en manos de todo el mundo mejorar en el ámbito público con un poco de práctica y teniendo en cuenta algunos consejos básicos. ¡Palabra de agencia que hace formación de portavoces!

Empecemos por el principio: es aconsejable una preparación previa. Cada maestrillo tiene su librillo: hay quien practica delante del espejo, quien le recita su discurso al gato, quien utiliza reglas mnemotécnicas para memorizar las claves de lo que quiere transmitir… Escoge la técnica que mejor te venga, hay casi tantas como personas.

A la hora de plantear el mensaje, es importante adaptarlo a la audiencia. Es útil informarse del tipo de público que nos va a escuchar, pero si esto no es posible, opta por la sencillez: huye de tecnicismos innecesarios, ilustra con ejemplos prácticos y asequibles y ten muy claro qué quieres comunicar. Y en la medida de lo posible no leas, aunque sí es recomendable llevar un apoyo escrito que utilizar si pierdes el hilo o te quedas en blanco.

El discurso debe casar con la personalidad del orador. Cuando uno se convierte en el foco de atención, hay cosas que se magnifican: hacer bromas cuando no se es bromista por naturaleza o no pega con el contexto, o decir las cosas con falsa afectación son dos buenos ejemplos. Uno debe ser siempre fiel a sí mismo y natural.

Otro de los aspectos en los que se incide a la hora de formar portavoces es el lenguaje corporal. De hecho, una de las primeras cosas que se les hace notar a los portavoces en formación es que el lenguaje corporal pesa un 55%, el tono de voz un 38% y el mensaje ‘solo’ un 7%. Por tanto, intenta evitar gestos que delaten incomodidad o inseguridad: cruzar los brazos, encorvar la espalda, forzar posturas o gesticular demasiado.

Cuida la imagen, es otro de los aspectos importantes a la hora de subirse a un estrado. La ropa no debe distraer la atención de la persona, debe ser un marco casi imperceptible. Es mejor optar por colores neutros y prendas funcionales y cómodas.

El control del tono de voz y gestionar los silencios también es importante. Modula y vocaliza bien, respira antes de contestar. Tómate tiempo, responde pausadamente y no llenes los silencios por llenarlos.

Y por último, pero no menos importante, escucha a los demás. Si compartes escenario con más personas, respeta los turnos de palabra. Si estás siendo entrevistado ante una audiencia, responde con mesura y profesionalidad ante cuestiones incómodas. En el turno de preguntas del público, presta atención a lo que te planteen y recuerda que no tienes por qué contestar en todos los temas. Recuerda tu guión y cíñete en la medida de lo posible a él. La improvisación es mejor dejarla para los escenarios… de teatro.

Agencia comma

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