Comic Sans, 36, negrita, Din A4

Imagen de Gonzalo Laburu

El otro día hice algo que al Txalo de hace unos meses seguramente le hubiera sorprendido: fui al gimnasio. Ya sólo me queda comprar alguna criptomoneda estafalaria (de estafa y estrafalaria) promocionada por un gurú de dudosa credibilidad para ser un hombre adaptado a su tiempo, una especie de Garcilaso de la Vega versión Siglo XXI.

Y no he ido solo una vez, sino que – como cuando Sabina canta “Contra todo pronóstico”- ya he ido, incluso más de dos veces. En una de estas ocasiones me he fijado que han realizado ciertas mejoras. Ahora, cuando entras en la mastodóntica ‘Sala Fitness’, un amplio vano lleno de máquinas que harían las delicias de Tomás de Torquemada, puedes leer un lema que inunda la inmensidad del espacio: “Hoy es el día más joven del resto de tu vida, aprovéchalo”.

Lo primero que me ha venido a la cabeza ha sido un sentimiento de grandeza, algo así como la versión Hacendado de Alcaraz entrando en una Philippe Chatrier coronada por el ‘La Victoire appartient au plus opiniâtre’ (La victoria es para el más tenaz). Aunque no son situaciones comparables, el sentimiento de entrar en un espacio tan grande rematado por un texto con letras muy grandes hace que se te llene el espíritu de una motivación tan grande que te empuja a hacer cosas que de normal sólo harías con el Viva la vida de Coldplay de fondo. Todo grande. Luego cuando te detienes a leer la frase con detenimiento, me ha entrado un bajón que ni Napoleón en Waterloo.

Lo segundo en lo que he pensado ha sido en el operario que ha pegando el vinilo de esta frase motivacional que el becario del gimnasio ha encontrado deprisa y corriendo en un post de Pinterest sobre “Top 5 frases motivacionales para empezar con energía la mañana y… ¡acabar con fuerza la tarde!”.

Y lo tercero en lo que se me ha ocurrido pensar ha sido la oración en sí. “Hoy es el día más joven del resto de tu vida, aprovéchalo”. Que lo aproveche ¿para qué? ¿Para rellenar el mayor número de cuadernos Rubio antes de que me digan que soy muy mayor para aprender caligrafía? Es una frase motivacional demasiado abierta. Da pie a muchas interpretaciones, muchas de las cuales habría que ver si se ajustan a los Convenios de Ginebra.

Pero no quiero que creáis que esta diatriba es un esfuerzo a lo Ignatius J. Reilly, personaje principal de La conjura de los necios, de criticar y burlarme de la frasecita de marras. Al contrario, a tope con que el gerente de mi gimnasio quiera motivar a la gente a que vaya a hacer ejercicio. De lo que quiero hablar es del proceso de tiktokizacion que está sufriendo la expresión. Cada vez pretendemos lanzar mensajes que calen en las personas con cuantos menos caracteres posibles, mejor. Algo que tenga ‘punchlain’, que llegue al oyente; que con poco texto genere mucho impacto.

Pero hay cosas que no pueden ser así. No deberíamos limitar nuestro pensamiento a una reflexión escrita en Comic Sans 36, negrita, justificada en sangría francesa en un din A4. Hay que trascender a Mr Wonderful. Somos lo suficientemente complejos como para poder expresarnos de una manera mínimamente sensata que supere a los criterios del marketing de agendas chulísimas y calendarios súper guays.

De todos modos, hasta que superemos esa adolescencia iletrada queda mucho. Hasta entonces, aprovechemos nuestra juventud, que la edad sólo es un número.

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