Seis días, seis

Seis días, seis

Agencia comma

Seis días en el valle de Tessaout

Caravana de mujeres

Acción Geoda*

 

*Silvia Albert in company donó el sueldo de un día de trabajo el pasado

8 de marzo al Proyecto Tessaout, un proyecto de mujeres para mujeres en el Norte de Marruecos, en el alto Atlas.

Esta es la crónica de un viaje al corazón de ese proyecto.

Nunca mejor dicho.

 

1. Mujeres

Batkla no sabe la edad que tiene. Tampoco sabe si está embarazada o no. No recuerda su última regla. Seguro que aparenta bastante más años de los que realmente tiene. En la boca, una hilera de dientes negro profundo le afean el rostro, y su aliento demuestra la virulencia de sus caries. Viste una malla fina debajo de su vestido, debajo del cual se adivina una especie de blusón. Debajo del blusón una camiseta y, posiblemente, debajo de esta lleve algo más.  Capas y capas de ropas variopintas que ocultan su cuerpo. Desconocemos si las mujeres del valle llevan sujetador porque limitan mucho lo que están dispuestas a enseñar.

Se tumba en el colchón que sirve tanto de cama como de sofá directamente sobre el suelo y mira a su alrededor perturbada, ruborizada. Está de 3 meses. El ecógrafo portátil que cedió Microsoft a Acción Geoda es la única tecnología que acompaña al equipo. Lo demás es pura y llanamente generosidad.

El pelo, por supuesto, bajo un pañuelo tan perfectamente amarrado como sucio. Todo es muy sucio aquí. Sus ropajes están sucios; sus manos están sucias; sus pies están sucios… Una idea de lo que fue un bello dibujo con henna, recuerda que un día cuidó de ella misma. Hace milenios de aquello. Ahora solo quedan líneas y manchurrones de colores mostrando más dejadez que arte.

Hay barro a cualquier lado que mires. Las montañas, majestuosas en su grandeza, nos hacen más diminutos si cabe, y la luz, entreverada de piedra y musgo, ilumina Iffoulou con una pasión más propia de los dioses que de los hombres.

A los hombres y mujeres, a los niños y las niñas del Valle de Tessaout no les gusta la cámara. “No foto, no foto”, escupen mientras huyen despavoridos como de un fantasma. Una pequeña va más allá y grita severa: “¡No Facebook!”. Guardo mi cámara herida en mi orgullo de invasora, conquistadora o arregladora de vidas ajenas.

Me pregunto si tiene sentido todo esto ¿Acaso yo hubiera permitido que vinieran a mostrarme que su mundo es mejor que el mío?

Mientras avanzamos por una montaña rocosa, llena de barro y cantos, me asaltan dudas más propias del renacimiento que del mundo de la posverdad y de big data. ¿Qué les pasó a estos bereberes abandonados en los confines del territorio para boquear mientras el mundo Educando en alimentación saludableanda de rally?

A Batkla no le importa saber el sexo de su hijo. Ya tiene otros cinco, aunque dos no aguantaron el tipo en esta tierra bella pero salvaje y decidieron morir silenciosamente. Al oír que será varón ni asiente ni niega. Permanece en un silencio impertérrito que asusta. ¿Qué estará pensando? me pregunto mientras intento recoger en un instante un mundo que me parece, con los ojos de eso que llaman desarrollo, que va de cabeza.

En cuanto puede endereza su ropaje nuevamente y sin sonrisa ni gesto serio abandona el ecógrafo y es captada por las fuerzas de evangelización que hemos montado con el único objetivo de que todo esto sirva para algo más: “Esto es bueno para ti; esto es malo, no te conviene; cuidado con el azúcar, la carga de leña y abuso de los alimentos poco sanos”. Un gesto más por hacer cuando se trata de una vida trayendo otras vidas.

En la habitación de al lado, un bebote llora desconsolado ante lo desconocido. Toma de temperatura, auscultación, ojos, manos… La suciedad apenas deja ver mucho más. Su ropa, capa sobre capa, sucia y de una talla diferente a la suya, está mojada por su pis y su caca; sí, esto sí que es suyo.

 

2. Pueblos de pueblos

Tif-ticht significa “llega, come, descansa y sigue tu camino”. Mucho significado en una sola palabra. Tif-ticht es uno de los pueblos más aislados de los que hemos recorrido hasta ahora. Al final del valle del Tessaout, tras una carretera impracticable que cuando llueve lo arrastra todo junto con el agua. No queda otra que caminar. Todo el mundo en el valle camina. Caminan mucho. Sus piernas son su principal medio de transporte.

Las mujeres son las grandes víctimas de esta sociedad. Explotadas física y sexualmente por maridos con los que se casan más por fuerza que por elección, tienen niños durante toda su vida fértil. El anticonceptivo está autorizado en Marruecos y se ofrece gratuitamente en los dispensarios que existen, pero no todas aciertan en su uso. Se oyen todo tipo de historias al respecto. Algunas, incluso, nos sorprenden.Hablan con las manos

Es común escuchar que, de todos los hijos que han tenido, muchos no han sobrevivido el mes. Hablan de hijos como de entes ajenos a ellas mismas. Fadma tiene 42 años y 10 hijos. Escucha el corazón del undécimo. Sonríe como no lo han hecho otras mujeres antes que ella. Las 10 que tiene son niñas. Asiente cuando le preguntamos si quiere saber el sexo de su hijo en el vientre. La que viene también es hembra. “Son los hijos que dios me manda”, asegura. Pero no nos resuelve la duda de si parirá en su casa o en el hospital o si habrá alguien acompañándola. Muchas mujeres paren solas en sus casas en el valle de Tessaout.

Pero Fadma se muestra tranquila y, sobre todo, resignada, aceptando que ese es exactamente el papel que le corresponde en la vida.

Y también el papel de cargar con la leña, con fardos que sobrepasan los 20 kg de peso y que muchas veces las ocultan bajo el forraje, y parecen que las ramas andan por sí mismas; o el de portar bidones de agua con más de 40 litros sobre sus espaldas doblándolas por la mitad mientras recorren distancias que sobrepasan con creces los paseos cotidianos de los transeúntes en los países desarrollados; también deben hacer la comida, amasar pan, fregar la ropa de toda la familia, adecentar la casa, mantener los humildes hogares, limpiar las nueces, arar la pequeñas tierras, servir a las necesidades de desahogo de sus maridos… ¿De verdad alguien cree que les queda tiempo para la limpieza propia y de sus criaturas?

Pero hay algo peor que las enfermedades, los embarazos o la suciedad: la ignorancia. Y ésta, sin duda, es la que más duele en el valle de Tessaout.

 

3. Hombres libres

Los hombres y mujeres que pueblan esta zona de Marruecos no siempre vivieron aquí. Era población que ocupaba todo el territorio marroquí, era su tierra. La invasión de los árabes los arrojó a las montañas y al desierto. Los volvió parias y fueron acusados de bárbaros.

Pero ellos no son bárbaros, son se consideran amazigh, “hombres libres”, y su lengua no es el árabe, ni siquiera el francés; su lengua, dignidad de supervivencia, es el tamazgha, una forma de lengua propia, completa, con su propio alfabeto. O esto cuentan orgullosos los hombres libres que me pregunto si lo son tanto.

Pero los Amazigh no constan en acta. Rabat no quiere saber nada de ellos. No si no hay algo que sacar a cambio como un puñado de votos. Por eso apenas están censados y nadie sabe cuántos son exactamente. Pero no hay mal que por bien no venga y, gracias a las revueltas que agitaron algo el mundo árabe, el tamazigch ha pasado a considerarse un idioma oficial, aunque minoritario y, por supuesto, en la escuela solo se enseña árabe y francés. Pero ellos hablan con las manos, manos rojas de henna, manos sucias de tierra, de pan, de asado… Rozan tu mano y luego besan los dedos que te han rozado, en una señal indiscutible de respeto y veneración, no por ser extranjero; sí por ser mayor.

Maestra en la puerta de la escuela
Las pequeñas escuelas que está construyendo Acción Geoda permiten a los menores de 6 años (que todavía no pueden ir a la escuela oficial que es de 6 a 12 años) que vayan aprendiendo árabe y francés para facilitarles el tránsito al colegio oficial; que les suenen los números y algunas canciones. En pequeñas construcciones conviven estos niños junto a unas maestras que más tienen de madres que de educadoras.

 

4. Maestras: madres de nadie; madres de todos

Las escuelitas de Acción Geoda son pequeños locales que incluyen un par de aulas, los baños (en su mayoría, letrinas turcas), una pequeña cocina y la habitación donde vivirá, durante todo el curso, la maestra.

En su mayoría son mujeres, rondando los 20 años, que pasarán los 9 meses solas en estas casas y no siempre bien atendidas, especialmente en aquellas poblaciones aquejadas por un machismo más severo que el machismo medio de la sociedad marroquí. Ellas se encargarán de todo durante el curso y, visto desde la comodidad de mi función laboral, se me antoja la más dura y solitaria tarea del valle. Muchas maestras no lo aguantan y se van apenas acaba el curso escolar. Todas mantienen un espíritu educador que jamás había visto en ningún otro país. Será la energía de paz que irradia esta tierra, esa serenidad que empapa el alma, que te embarga.

 

5. Carreteras que abren al mundo

Al igual que Tif-ticht está realmente dejado de la mano de dios, Ait-Alla está a los pies de la carretera que, después de algo más de un par de horas, recorre el camino hasta Ouarzazate, una de las poblaciones más importantes, y de gran atractivo turístico de Marruecos. Ese mero hecho supone avances significativos en los pueblos. Las mujeres y niños de Ait-Alla van bastante más aseados y cuidados que los de otros pueblos del valle. La casi totalidad de los bebes llevan pañales, están bañados y su ropa está limpia. Algunos incluso vienen con sus mejores galas a visitar a las doctoras. ¿Por qué esta diferencia? La respuesta es rotunda: la carretera.

Una mujer nos muestra los efectos de la falta de yodo en su tiroides: bocio

¿Qué les duele?, pregunta la pediatra mientras sonríe a los pequeños y los cubre de mimos: jana (fiebre). Todas las madres dicen que sus hijos tienen jana. Alguna añade dolor de barriga y otras, simplemente los muestran para que sean sus propios rostros los que hablen por ellos. Y son muy pocos los males que afectan a los niños y niñas del valle porque, a pesar de todo, están bien alimentados. La naturaleza es prolija en el valle y les permite cultivar y producir alimentos básicos en su dieta, que aunque abuse del azúcar que tanto daño hace a sus dentaduras, incluye muchos de los ingredientes necesarios en cualquier alimentación equilibrada.

Sin embargo, y a pesar de las carreteras, hay un monstruo en el valle de Tassaout. Se llama bocio y afecta tanto a hombres como a mujeres, pero con especial virulencia a estas últimas. El pañuelo que cubre sus cabezas oculta también sus cuellos deformados. Al retirarlos, nos hemos enfrentado a verdaderos dramas silenciosos, a espectáculos dantescos, que dan asco y rabia, pena e ira. Un frente más en el que habrá que empezar a trabajar. Y es sencillo, muy sencillo: una pastilla de yodo al año y, en veinte años, erradicado. ¿Por dónde empezamos?

 

6. Por voluntad propia

Es mi primera vez a pie de campo con una ONG. Mi participación ha sido siempre a distancia, creyendo que con ello ya tengo mi porción del cielo ganado, acallada mi conciencia de ciudadana modélica. Recuerdo el día que le dije a mi amiga: “me voy con vosotros”, siguiendo sus pasos de ginecóloga comprometida con las mujeres del valle. Mujeres por mujeres. Todo empezó con un ecógrafo portátil y ya van por 5 caravanas a favor de las mujeres, mujeres en edad fértil, mujeres embarazadas. Mujeres. A mi amiga y admirada compañera, mujer fuerte y modelo, le han seguido otras profesionales porque su energía es contagiosa; como los mocos de los niños del valle.

Y todas ellas hacen un equipo de esos que cambiaría el mundo si las dejaran. La estulticia y la mala praxis de los habitantes del valle también pululan por estas tierras e impiden a los equipos de voluntarias transmitir sabiduría a las vocacionales matronas locales. En algunos centros, cuentan con ecógrafos que no podrán ser utilizados por estas profesionales no vaya a ser que sepan más que el médico. Un hombre.

Pero las voluntarias de las caravanas no paran. Vienen, auscultan, toman la tensión, miran los ojos – también la mirada-, acogen las manos en las manos europeas, y transmiten amor a borbotones. No hay más amor que este amor desinteresado y lleno de pasión. Celebramos con ellas la bienvenida de un nuevo ser a esta tierra hostil y bella; parada en el tiempo, con carácter, genio y sabiduría, su sabiduría.

Siento orgullo y rabia a partes iguales. Orgullo por participar activamente en esta iniciativa que, aunque diminuta en la inmensidad del universo de la injusticia humana, algo da. Seguro. Rabia por saber que ese algo tan diminuto podría ser inmenso si los estados, las políticas, los intereses económicos, – en definitiva, los seres humanos- fuéramos eso, humanos.

Mientras tanto, tanmirt. Gracias. ¿Wajja?

El equipo de Acción Geoda en Tassaout

 

 

 

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