Confieso que no tenía puesta la televisión el domingo por la noche. Una amiga me llamó y me pidió que pusiera el programa de
Jordi Évole, Salvados y que, por favor, le explicara qué era todo aquello. Me pilló desprevenida, en otras historias. Conecté la tele, sintonicé La Sexta y me encontré con José Luís Garci afirmando que habían mandado las cámaras una semana antes del Golpe de Estado del 23F para grabar las declaraciones del Rey y a Fernando Ónega hablando del discurso que le había escrito y que el monarca reprodujo al pie de la letra. 

La verdad es que, de primeras, yo tampoco entendía nada. La mezcla Garci-Ónega me chirrió bastante pero, en ese momento, no tenía muy claro lo qué estaba pasando.

Me asomé a twitter y ardía. Eso me sorprendió más que el falso documental. Desde gente lacrimógena por el engaño al que habíamos sido sometidos durante tantos años, a gente indignada por la burla todavía sin revelar. Gente aplaudiendo la osadía de Évole y gente rechazando este tipo de experimentos periodísticos .

Yo me alegré sobre todo por saber que, al día siguiente, además de la crisis, los sobornos, la corrupción, los robos, las mentiras de los dirigentes, de los políticos, los empresarios, los jueces… habría un nuevo tema del que hablar.

Personalmente me pareció fantástico el ejercicio de Operación Palace. Siento leer muchas más reacciones en contra que a favor y, en ningún momento considero que se está banalizando un hecho tan importante de nuestra historia más reciente como fue el Golpe de Estado ni me siento ofendida ni insultada.

A mí el ejercicio del domingo por la noche me ha servido para dos cosas: una, tomar conciencia de lo manipulables que somos, de lo expuestos que estamos a los juegos de poder y de la poca capacidad que nos queda (o nos han dejado) para pensar por nosotros mismos. Muchos sábados me asomo a la Primera de RTVE y me duele la instrumentalización tan burda y lamentable que han hecho de un programa tan bueno como fue, durante muchos años, Informe Semanal.  Y, esto es sólo un ejemplo. La televisión es la muestra más clara de lo partidista que son los grupos mediáticos y lo falseada que está nuestra realidad según quién te la cuente. Oír decir que una cosa es verdad “porque lo ha dicho la televisión” me aterroriza.

Dos, ¿no estamos siendo demasiados pasivos en nuestra exposición a la información? Por lo tanto, me llena de esperanza saber que, por lo menos, estamos vivos y reaccionamos (¿todo lo que deberíamos?)  – hacia un lado o hacia otro, todos son válidos- ante provocaciones más o menos acertadas de nuestro papel como audiencia, que yo pensaba aletargada y me equivoqué. El espectador tiene mucho más criterio del que imaginamos, como bien esgrimió Évole.

Que siga el debate más allá de la pista de arranque que nos ofreció el domingo Évole. ¿Es la televisión una caja tonta o lo somos los espectadores? ¿Debemos ser más selectivos a la hora de decidir nuestros gustos televisivos? ¿Podemos y debemos exigir calidad, educación y respeto? ¿Tenemos responsabilidad sobre lo que se programa y contra programa?

Foto: Medhi

Silvia Albert

Silvia Albert

Directora general / Agencia comma

Leave a Reply