El comportamiento humano parece que ha cambiado mucho en los últimos siglos. Tenemos smartphones, redes sociales, podemos conocer el tiempo que hará mañana e incluso el que hará dentro de una semana en el más remoto confín del planeta. Compramos a golpe de clic, vemos el fútbol con tres pantallas, y conocemos gente por internet con la que ligamos y, a veces, hasta nos casamos. Sin embargo, hay algo genuino y eterno en el comportamiento humano que sobrevive a las modas y modos. Es la forma en la que reaccionamos a las noticias alarmantes y los bulos.

Desde que alguien sentenció que era un crimen gritar “¡fuego!” en un teatro abarrotado, está todo dicho sobre nuestro comportamiento. Ahora hacemos lo mismo, de la misma forma instantánea y sin comprobación alguna. Y la diferencia no es tanto la velocidad de propagación del rumor, que también, sino la escala.

 

Bulos y miedo irracional

Entre la matanza de frailes de 1934 en Madrid por bulos que les atribuían una epidemia de cólera, hasta los actuales episodios de linchamiento en la India, la diferencia es la capacidad del canal. Antes eran los corrillos, y ahora son los grupos de whatsapp. El ser humano sigue siendo vulnerable a aquellas informaciones orientadas hacia lo irracional, hacia los miedos. La cosa no ha mejorado con la tecnología, al revés. La tecnología ha dado nuevas alas a un fenómeno eterno.

La situación está llevando a iniciativas como las de Maldito Bulo, que acaba de crear nuevos canales off-site que se suman a la Buloteca y a sus canales en redes sociales. Entre ellos, han creado un número de Whatsapp donde puedes enviar cualquier información que consideres demasiado buena/mala/alarmante para ser cierta, de forma que puedan comprobarla y difundir si es o no un bulo. Además, han creado el BuloBot, un bot que funcionará las 24 horas a través del Messenger de Facebook.

Cuando tengas una duda sobre si algo que has recibido es verdadero o falso, envíaselo y te dirá si Maldito Bulo ya ha verificado o desmentido esa información. También puedes subir una imagen al buscador que tienen en su web, para comprobar si es una imagen falsa ya desmentida.

 

Basura informativa

El objetivo es que, antes de hacer retuit, antes de compartir una publicación en Facebook o antes de reenviar a tus contactos la primera tontería que te llega, hagas un pequeño ejercicio de comprobación para evitar que se difunda basura informativa.

El problema es tan grave que ha llevado a Whatsapp no sólo a poner anuncios en prensa (sí, anuncios, en prensa impresa, eso tan analógico) en India para evitar linchamientos, sino a replantearse su política de transparencia. Este servicio de mensajería había sido muy reacio a ofrecer datos sobre qué información está moviendo su red. Ahora no sólo ha decidido avisarnos de cuándo un mensaje nos llega reenviado para evitar que parezca enviado de alguien cercano y fiable, sino que incluso están planteándose informar de cuántas veces ha sido reenviado algo, y de cuándo se creó el mensaje original para que evitemos estar dando por perdidos niños que aparecieron hace años sanos y salvos o que, directamente, no desaparecieron nunca.

Otra propuesta es impedir el reenvío de mensajes a grupos grandes. El problema se ataja poniendo coto a la escala, no a la velocidad. Parece buena idea.

Todo esto muestra el interés por combatir las fake news y los bulos peligrosos, y cómo se pueden crear herramientas sencillas y útiles para hacer frente a una de las armas de manipulación masiva más potente que existe: el miedo.

 

 

Teresa Amor

Teresa Amor

Consultora senior / Social media / Agencia comma

Leave a Reply