Una de las principales bondades del uso de la comunicación y marketing a través de los medios sociales es la posibilidad de segmentar de manera muy efectiva a nuestro público objetivo. Gracias a diversas herramientas, podemos saber qué características tiene y dónde se encuentra nuestro potencial prescriptor o cliente de nuestra marca, producto o servicio.

Este hecho, junto con las exigencias del nuevo consumidor, debería suponer la llegada de un nuevo estilo de comunicación: mucho más cuidado, más personalizado y ajustado a las necesidades de los usuarios. Y en algunas ocasiones verdaderamente es así. Ya es muy habitual ver cómo algunas marcas usan las redes sociales como canales de atención al cliente. Por ejemplo, podemos observar a diario cómo ciertas empresas de telecomunicaciones, servicios, ocio o viajes permanecen atentas a posibles quejas, apreciaciones o alabanzas de los usuarios de redes sociales como Twitter.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, y junto a las buenas prácticas en comunicación en redes sociales nos encontramos con una práctica que, sin ser nada novedosa, sigue totalmente vigente y me atrevería a decir que completamente en auge: el dichoso y temido spam. Si bien es cierto que las plataformas digitales de comunicación son una magnífica herramienta para la creación y difusión de contenidos, parece que los términos «difusión» y «spam» se vuelven sinónimos en muchas más ocasiones de lo deseable.

En este sentido, a diario podemos observar prácticas que destrozan de un plumazo esa supuesto nuevo estilo de comunicación. Mensajes privados en Twitter que «invitan» a visitar webs o blogs que en muchos casos no se ajustan a nuestro perfil de consumidores, peticiones de RT a diestro y siniestro, envíos de notas de prensa sin ton ni son a bloggers, periodistas o medios que nada tienen que vez con el producto que promocionamos, o publicidad lanzada en redes sociales sin ningún tipo de esfuerzo en la segmentación del público objetivo.

¿Nos estamos obsesionando con que el mensaje llegue, sin importarnos a quién llegue? ¿Estamos empeñados en conseguir seguidores aunque estos difícilmente representen un conjunto de potenciales clientes para nuestra empresa? ¿Por qué  no hacemos un esfuerzo en desterrar de una vez este tipo de malas prácticas?

Agencia comma

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