Hoy quiero hablar de una relación: móviles y educación. Me cuenta una de mis hermanas, profesora de español para universitarios extranjeros, que cada día, cuando entra en el aula, pide a sus alumnos que dejen los móviles en su mesa. Añade la afirmación “me odian” y me provoca inmediatamente esta reflexión de hoy en nuestro blog. Este es un debate constante, lo sé, pero creo que la aproximación empresarial la hemos ignorado.

Muchas personas hablan de la esclavitud de los móviles, de lo que nos atan, de lo que nos condiciona. Yo pienso que no es el instrumento el que nos somete sino el uso que nosotros hacemos del mismo.

Cuando trabajaba en prensa y tenía que viajar fuera de España para cubrir cualquier evento informativo, me suponía un esfuerzo extremo conseguir pasar la crónica a mi periódico. Tenía que lograr una máquina de escribir o escribirla a mano; llamar al periódico y rogar que alguien me la cogiera al dictado o fuera capaz de conectar una grabadora y grabarla para luego transcribirla. Si, han pasado muchos años.

Para mí el teléfono móvil es un facilitador. Me permite moverme, seguir el día a día de la empresa cuando no estoy físicamente en la oficina, atender a clientes, amigos; hacer planes, consultar dudas, mejorar mi conocimiento sobre cualquier asunto, desear mejoría a gente enferma o felicitar a los cumpleañeros; solucionar asuntos de todo tipo o tomar imágenes que nunca antes habría tomado. Pero yo soy quién decide cuándo, cómo, por qué y para qué utilizar el móvil. Y no al revés. Yo soy la que decido cuándo lo tengo encendido y cuándo apagado. Y, también cuándo es oportuno ni siquiera tocarlo.

Pero, además creo que el móvil interviene directamente en un aspecto social que me interesa sobre todo lo demás: la educación.

El uso del móvil supone un clarísimo ejemplo de tener o no tener unos mínimos de educación y, aquí dejo por un momento a los jóvenes y me voy directamente a todos aquellos profesionales, da igual la edad y condición, que parecen no saber cuándo es correcto o no el uso del móvil.

 

Por aquello de “debo amar a mi cliente” o en pro de “no asustar al cliente potencial” muchas veces me he resistido a llamar la atención durante una reunión cuando los asistentes utilizan sus móviles mientras alguno de nosotros está hablando. No hace mucho tiempo, al terminar una reunión con un potencial cuyo presidente no dejó de trajinar con el móvil, le dije “Creo que no le interesa en absoluto los temas de comunicación porque estaba usted muy entretenido con el teléfono”. Me garantizó que había estado totalmente atento, pero me resulto de tan mala educación que, por muy común que resulte, no debería ser considerado normal (todos tranquilos que, a pesar de ello, ¡tenemos nuevo cliente!)

Hoy hay cientos de memes, vídeos, chistes y un extenso debate generalmente centrado en los jóvenes al respecto del uso – o mejor dicho, del mal uso- de los móviles y, sin duda, habría que añadir uno más al uso indebido de los móviles en las reuniones de trabajo. Este tema lo hemos debatido internamente porque, a veces, tenemos que comprobar sobre la marcha como funciona una aplicación, cómo de responsive es una determinada página web o qué se ha dicho ese día en los medios sobre un tema determinado, pero hay que indicarlo, no dar por hecho que nuestro interlocutor sabe con qué fin estamos utilizando nuestro terminal durante la reunión. Y si no hay un motivo lógico, utilizar el móvil mientras se asiste a una reunión es sin duda una de las muestras más clara de mala educación o de falta de ella con las que nos tenemos que enfrentar hoy en día.

Debo confesar que yo también le pido a mis hijos (25 y 20) que, cuando hacemos planes juntos – ya sea una comida, cine, exposición, paseo o cualquier otra actividad- dejen sus móviles en mi bolso para garantizarnos que ese tiempo es realmente para nosotros. Al principio, me odiaban (también) y se revelaban. Ahora, no se lo tengo ni que recordar. Lo hacen con el convencimiento de que son ellos los que mandan en el móvil y no al revés.

Tal vez este punto debería incluirse en algún programa superior de dirección. No estaría de más.

 

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