Siempre desayuno escuchando la radio. Me acompaña mientras preparo el café mañanero. Si las noticias son muy malas, a veces me concentro tanto que se me cae la galleta dentro de la taza. La radio tiene esa magia. Puedes realizar -mal o bien- una tarea doméstica mientras la escuchas. Es un medio versátil, que se adapta a nuestro día a día. Una banda sonora que nos acompaña en el coche, en el metro o en casa, durante la jornada de teletrabajo.

La radio es una superviviente dentro de los medios de comunicación. Ha sobrevivido a la era digital, a la fiebre de los podcasts en portales especializados… Muchos ‘expertos’ auguraban su desaparición: la veían como el DVD que tenemos desenchufado en el trastero. Otros ‘gurús’ esperaban un desplome brutal en su volumen de audiencia, como sí ha ocurrido con la televisión convencional debido a la irrupción de plataformas de contenidos como Netflix, HBO o Prime Video (Amazon). Todo lo contrario. La radio sigue dando guerra. Informando. Entreteniendo. Y, sobre todo, generando opinión en temas clave de la agenda económica, política y social de nuestro país.

Podemos decir que la radio, ahora, ofrece una versión más moderna que la que escuchaban nuestros abuelos, pero conserva, intacta, su misma esencia, su misma gracia. Da igual si la escuchas en un tramo horario determinado o eres de los que prefieres bucear y buscar, a la carta, el podcast de tu programa favorito… La radio sigue siendo la radio. Melodías y voces familiares que te dan los ‘buenos días’ en el móvil, en la tablet o en el ordenador… Nuevos soportes, pero mismo espíritu.

En tiempos de pandemia, de incertidumbre y de desinformación, la radio vuelve a ser el medio más escuchado por los españoles. Acudimos primero a ella, cuando sucede algo importante. Eventos señalados y también sucesos terribles. Lo vivimos el 11-S, también durante el 11-M o el atentado en Las Ramblas… Y lo palpamos, hace unos meses, durante el estado de alarma.

El poder de la radio durante el confinamiento queda reflejado en el éxito de El Diario de la Pandemia de Carlos Alsina, que arrasó entre la audiencia y puso de moda la vieja y desconocida canción italiana Facciamo finta che entre los niños confinados de nuestro país. Esta crónica diaria de la pandemia, con ángulo social y cierto humor, era seguida por millones de españoles. Una buena medicina contra la angustia. Un pequeño alivio para que los ciudadanos confinados en solitario se sintieran, por unos minutos, acompañados.

Otro ejemplo del poder de la radio en el ‘mundo COVID’ es que las principales emisoras de nuestro país se lanzaron a la realización de programas especiales durante el confinamiento (y se batieron récords de emisión ininterrumpida, con ‘maratones’ radiofónicos de varias horas). Asistimos, además, a una retransmisión conjunta de dos programas rivales (El Partidazo de Cope y El Transistor de Onda Cero), que dejaron a un lado su competencia feroz para unir sus fuerzas y recaudar fondos contra el coronavirus. ¡Y regalarnos, de paso, una noche histórica para la radio deportiva española!

Por primera vez en la historia, los dos grandes programas deportivos de las ondas, que no tenían noticias ‘futboleras’ para contar, dedicaron sus contenidos a temas sociales e historias humanas que protagonizaron los héroes de esta pandemia. El ‘ídolo’ ya no era Messi, sino un médico del Hospital 12 de Octubre. ¡Larga vida a la radio!




 

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