Escuchamos, a menudo, hablar de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como algo lejano; una entelequia, un concepto muy elevado que enarbolan desde la ONU, pero que no va con nosotros. Si trabajamos con algunas de las empresas del IBEX, con un sólido departamento de RSC, puede que esto nos suene un poco más. Pero si no, no le prestamos atención porque pensamos que no es compatible con nuestra tarea diaria. Esto de la Agenda 2030 parece sonarnos algo más porque empieza a ocupar espacio de una forma constante en los medios de comunicación.

La ONU ha cumplido 75 años en este ‘inolvidable’ 2020 que toca a su fin. Los ODS solo tienen 5 años, pero, bajo el lema “Forjando nuestro futuro juntos”, ha creado su línea de acción para que, en la próxima década – 2030 (que llegará en un suspiro)- sean las empresas las que lideren los ODS en sus estrategias de negocio.

En este sentido, este mismo año, los grandes líderes empresariales han firmado un acuerdo para impulsar un propósito común: conseguir un mundo mejor bajo un planeta más sostenible porque de ello depende la viabilidad de sus negocios y, por lo tanto, la calidad de la producción y el empleo a nivel mundial.

Si nos fijamos bien, no es difícil descubrir que tanto en nuestra empresa como en las de nuestros clientes se están llevando a cabo acciones que contribuyen de una forma más o menos silenciosa a su cumplimiento. Cada uno de nosotros, por ejemplo, cuando evitamos consumir más papel del estrictamente necesario, reciclando éste u otros materiales, llenamos nuestras botellas de agua en vez de utilizar las de plástico, rechazamos envases que no sean orgánicos… Las organizaciones, por su parte, cuando fomentan la igualdad, un buen modelo de gobernanza… ¿No sería pues cuestión de ponerle nombre y darle visibilidad tanto hacia dentro de las organizaciones como hacia afuera?

¿Y si tomamos conciencia del enorme aporte de valor, para nuestro negocio y el negocio de nuestros clientes, de lo que supondría abrazar los 17 principios de sostenibilidad que contemplan los ODS? ¿Y si cada acción/decisión de comunicación que generamos la pasamos por este filtro? ¿Puede ser una buena brújula para llegar a 2030 con los deberes hechos y, sobre todo, siendo conscientes de ello?

Obviamente es inviable querer llegar a los 17 principios. La clave es analizar bien cuales de todos ellos están en la esencia de nuestras organizaciones y en la de nuestros clientes; planificar una estrategia de comunicación coherente para cada uno de ellos y poner en el foco de nuestros objetivos la alineación más plausible. Si los profesionales de la comunicación siempre estamos enfocados en detectar tendencias, escenarios de futuro, trazando posibles caminos, nuevas formas de engagement y pertinencia en nuestros mensajes, ¿por qué no abanderar la implantación de los ODS en el core de los negocios? ¿Por qué no impulsar el negocio a través de los ODS?

Alinear los ODS con el propósito de las organizaciones no es solo tarea de las grandes organizaciones

Es muy esperanzador, sin duda, pero no es suficiente. La verdadera acción es que cada empresa de nuestro país sea del tamaño y sector que sea, conozca, identifique y esté bien asesorada en el camino a la sostenibilidad, un camino, por cierto, sin vuelta atrás.

Desde el enfoque de la comunicación podemos ‘ver’ mas allá; facilitar y diseñar alianzas, proyectos conjuntos, colaboraciones entre clientes… Crear nuevos espacios de diálogo con nuestros públicos. Debemos ir paso a paso, aprender haciendo y con visión agile que nos permita crear valor de forma progresiva y testada, acompañando, ayudando a comprender, mostrando el largo camino y la gran recompensa de seguir vivos y crecer en el mercado si realmente somos sostenibles, pero, sobre todo, coherentes.

A estas alturas, es obvio que los ODS son una palanca de mejora en las relaciones con nuestros stakeholders; permiten innovar y desarrollar nuevas líneas de negocio; favorecen la llegada a nuevos segmentos de mercado, fidelizar el talento y aportar valor a nuestros productos o servicios ¿Qué más podemos pedir? Tenemos, en nuestras manos y mentes, una gran oportunidad para ser los facilitadores de una nueva forma de crecimiento desde la sostenibilidad. ¿Reflexionamos juntos?

El presente es sostenible. Si tu negocio lo es, tendrá futuro.

 

*Artículo escrito por Miriam García Armesto, agile coach para la transformación sostenible

 

Imagen: Daniel Olah / Unsplash



 

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