¿Es necesaria una pandemia mundial, como el COVID-19, para que nos planteemos que existe otra manera de afrontar nuestro trabajo diario? Es una pregunta que tenemos en mente en estos momentos muchos gestores de empresas y muchos trabajadores. Me permito anticipar una respuesta: sí.

El ritmo de eliminación del coronavirus determinará su impacto global; también ineludiblemente fomentará una reflexión sobre el mundo actual, nuestras relaciones, sus consecuencias y la situación de las personas y los países frente a ello.

El paradigma social y empresarial se verá afectado, no sé en que medida, pero ya no será lo mismo. Y como no podía ser de otra manera, las PYMES sufrirán, pero también crecerán; no hay que olvidar la flexibilidad y rapidez de adaptación de gran parte de ellas. Estamos tomando medidas sin precedentes en un contexto sin precedente.

Nunca pensé que el impulso del trabajo distribuido vendría por una pandemia, ni me imaginaba plasmarlo en un post anterior sobre este tema. Pero no nos equivoquemos. Esto afecta a la PYME, pero también a la gran empresa. Ya no se trata de tamaño sino de la capacidad de anticiparte, de estar preparado, de la flexibilidad, de tu músculo y de la apertura de mente.

Una gran parte de las PYMES que damos servicios a otras compañías o clientes empresariales estamos preparadas para dar, al menos, los mismos servicios y con la misma calidad de siempre desde un entorno diferente, en un entorno distribuido, desubicado. Anteriormente lo hacíamos por conciliación, eficiencia y por flexibilidad laboral; ahora lo hacemos además por compromiso social.

Para teletrabajar en una PYME de forma efectiva hay que equilibrar dos elementos independientes. Por una parte, la tecnológica y, por otra, las personas.

La tecnología

La tecnológica, me atrevo a afirmar, es la parte más fácil. Disponemos de una de las mejores redes de comunicación de banda ancha de Europa, por delante de Francia, Reino Unido, y Alemania. Tenemos accesos de fibra óptica o 4G de velocidades más que suficientes para no ser en un cuello de botella y permitir simultáneamente múltiples aplicaciones y usuarios.

Sobre esas redes podemos aplicar tecnologías que aportan seguridad y privacidad como son las redes privadas virtuales (VPN) que garantizan, entre otras cosas, el cumplimiento normativo RGPD, y que están a disposición de PYMES que tengan un nivel informático profesional mínimo, más teniendo en cuenta que son soluciones ya habituales en entornos personales.

La nube, con sus capacidades de almacenaje y de servicios casi ilimitados, facilita multitud de soluciones (contabilidad, información, gestión, planificación, comunicación, etc.) de forma totalmente ubicua.

Estos días, toman especial relevancia las plataformas de comunicación, como son Slack o Team (espero que WhatsApp no se plantee ni como opción). Estas plataformas garantizan los canales necesarios de colaboración por equipos de una forma muy parecida a lo que se puede producir de forma presencial en las oficinas; la videoconferencia como Zoom o Meet son el punto de encuentro de los equipos y clientes; el correo electrónico queda para otras funciones, como son los casos de comunicación con clientes externos si estos no están integrados en los otros canales mencionados.

Para saber como van los proyectos y sus tareas disponemos de Trello o Asana, (espero que el Excel o el Project no se plantee como opciones) que permiten a los equipos organizar y asignar tareas, hacer un seguimiento más amplio del progreso del proyecto y crear flujos de trabajo para procesos recurrentes.

Para realizar trabajos colaborativos alrededor de un tablero digital para explicar proyectos, ideas, etc. contamos con Mural, Stormboard, etc.

Y podríamos seguir con un abanico muy amplio de aplicaciones verticales adecuadas para cada sector, pero creemos que es suficiente para mostrar cómo de amplia es la oferta de la que disponemos.

Las personas

Las personas son la parte fundamental de cualquier cambio. En un nuevo contexto, los valores personales y las competencias marcarán, aún más, la diferencia.

En un contexto desubicado y con el impacto del COVID-19, el nivel de ambigüedad es elevado; no tenemos toda la información. Aún así vamos paso a paso, probando, anticipando los impactos y buscando nuevas soluciones; aprendiendo sobre la marcha, con flexibilidad, versatilidad y, desde luego en Agencia comma, convencidos de que saldremos reforzados.

Por ello, personas que dentro de sus habilidades personales trabajen bien la ambigüedad, el aprendizaje dinámico, la orientación a resultados, con marcada disciplina y, sobre todo, comprometidos con proyectos comunes, tienen y tendrán las competencias básicas para tener éxito en este nuevo contexto profesional.

El ecosistema de trabajo distribuido deja en evidencia el valor de las aportaciones de cado uno, incluso más que el sistema presencialista.

Se avecinan cambios, tanto directos como indirectos. Estoy convencido de que nos ayudaran a la reflexión. Dejo aquí una extraída de un post de Enrique Dans que dice:

“¿Cuánto podríamos reducir las emisiones recurriendo al teletrabajo, no necesariamente de manera total, sino simplemente dándonos cuenta de que, si existen ciertas tareas, y no pocas, que podemos hacer desde casa, eso podría permitir que saliésemos de casa para ir al trabajo de manera escalonada, sin crear los monumentales atascos que vemos todos los días?

Lo que es evidente es que la crisis del coronavirus está dejando claro el grado de transferencia digital efectiva del país. Que aprendamos muchos de este nuevo contexto. Nosotros ya lo estamos haciendo.

teletrabajar en una pyme

Imagen de portada: Alesia Kazantceva / Unsplash

Eduardo Rios

Eduardo Rios

Director de gestión global / Agencia comma

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