Todavía hoy, cuando se planifican puestos de trabajo, recursos y proyectos se recurre al patrón ‘horas-persona’. Ya hoy este patrón es anacrónico. Estamos en una transformación sin precedentes, la evolución del trabajo está siendo sigilosa e irregularmente entendida. Voy a poner un ejemplo.

Hace unos días, leía en El Confidencial un artículo de María Zuil sobre el teletrabajo en España. Nos definía como un país de calientasillas y afirmaba que sólo un 7% de los trabajadores ha trabajado alguna vez desde casa, frente a países como Suecia, Islandia o Reino Unido, donde ese porcentaje se eleva hasta el 25%.

España sigue a la cola de Europa en la incorporación del trabajo en remoto, aunque sea sólo durante unos días a la semana. Se tiene en mente para cuando contestas algún correo desde tu lugar de vacaciones, o para ponerte a terminar algo en tu tiempo libre desde casa. Poco más.

La única explicación es que no estamos acostumbrados y que hay que cambiar hábitos, autoorganizarse, etc. Pero hagámoslo rápido, que vienen muchos otros cambios en el mercado laboral y sobre todo en las formas inteligentes de trabajo.

Empezamos mal si pensamos que es un tema de innovación tecnológica, de conocimiento informático, de redes, de plataformas. Es un tema de actitudes, y esto es lo preocupante. La mentalidad que predomina es la del siglo pasado, de tenernos a todos controlados en un mismo sitio, la cultura presentista.

Estoy convencido de que cuando leas esto pensarás que esa cultura y otros rasgos involucionistas son característicos de esos seniors desfasados y carcas. Pues siento decirte que estás muy equivocado: esos seniors, si están mínimamente al día, son los precursores de muchos cambios en las organizaciones. Cambios que eran inimaginables cuando estos seniors empezaron a trabajar, pero que ahora adoptan y adaptan a sus empresas y equipos para hacerlos crecer y evolucionar.

Jóvenes presentistas

Me resulta paradójico que, mientras tanto, haya responsables más jóvenes con una actitud presentista inexplicable. Me atrevo a afirmar que si se parasen a pensar y valoraran adecuadamente el teletrabajo, los sistemas colaborativos distribuidos y metodologías ágiles, su modelo de negocio cambiaría a mejor, incluida la relación con las personas, equipos y clientes, siendo todo económica y humanamente más rentable.

Uno de esos seniors que menciono es Enrique Dans. En un capítulo titulado “De 9 a 5” de su reciente libro Viviendo en el futuro. Claves sobre como la tecnología está cambiando nuestro futuro, describe una revolución brutal del mercado laboral. No quiero insistir en la evolución de los puestos de trabajo por la automatización, la robotización, la inteligencia artificial o cualquier tecnología que logrará mayores eficiencias y el nuevo diseño del modelo social. Quiero centrarme en la necesidad de la flexibilidad personal, la versatilidad de la formación y educación, y de puestos de trabajo que generan valor, independientes cada vez más del lugar físico o de la jornada laboral en que se desarrollan.

En su post Trabajo, evolución y sentido común menciona el concepto de “trabajar menos para trabajar mejor”, la reducción de la jornada laboral a cuatro días hábiles (con la misma remuneración) como una iniciativa probada y segura cuando los robots o la AI empiece a trabajar con nosotros codo con codo; también que las personas trabajen total o parcialmente desde sus casas ayuda a definir y adaptarse mejor a las jornadas de trabajo, indudablemente posibilitará una productividad mayor, mejores niveles de satisfacción, y unos niveles menores de emisiones contaminantes.

Cada vez más empresas están haciendo realidad modelos radicales.  En Gitlab (1.000 personas en todo el mundo), todos trabajan en remoto, incluido el CEO. El desafío actual de muchas compañías consiste en encontrar formas de convertir el trabajo en algo que tenga sentido.

Otro de estos seniors es Marc Vidal, y en su último libro La era de la humanidad. Hacia la quinta revolución industrial coincide en muchos aspectos con el autor anterior y hace una reflexión muy interesante: “No te vas a quedar sin trabajo, en todo caso te vas a quedar sin el trabajo que haces ahora”. Añado: no solo por el contenido y por los objetivos de ese trabajo, también por las formas de hacerlo.

Una (r)evolución cultural

La evolución del trabajo y de los modelos de negocio mediante la transformación digital no es metodológica en sí misma, sino cultural. Involucra a las personas actualmente en activo y permite cambiar procesos y modelos de trabajo digitalizándolos, desubicándolos para hacerlos más eficientes. Mejores.

Nos tenemos que formar para poder trabajar en cualquier lugar, en cualquier momento, sobre cualquier tema, pero no ya solos o con otras personas, sino con robots, AI y con una capa de datos que será clave.

En apenas dos décadas, Internet ha cambiado tanto que no la reconocemos quienes la vimos crecer y la apoyamos desde el principio. De forma semejante, en la próxima década el mercado laboral y nuestra capacidad para generar valor cambiará tanto que ni lo podemos imaginar. Con este futuro, hablar de teletrabajo sí, teletrabajo no, es una tontería.

Cito de nuevo a Enrique Dans: “Cuando la tecnología posibilita el trabajo eficiente desde cualquier sitio, mantener hábitos trasnochados simplemente «porque siempre lo hemos hecho así» no es más que una estupidez sin sentido”. Y permíteme añadir: mueve el culo, que lo que interesa es tu cabeza y tu corazón, no dónde estás sentado.




 

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Eduardo Rios

Eduardo Rios

Director de gestión global / Agencia comma

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