Duda de la agencia de comunicación que siempre te dice que sí a todo. Y es que las empresas a veces tienen unas ideas muy innovadoras pero que no se pueden comunicar, o perogrulladas que quieren pregonar a los cuatros vientos, y forma parte de la labor del responsable de comunicación poner un poquito de cordura en todo el sinsentido que puede darse en una organización.

Son mayoría las personas que consideran que saber de comunicación es sólo aplicar el sentido común. Yo defiendo a la otra minoría, porque la comunicación es sentido común y muchas más cosas. Hay que conocer a los medios, hay que saber cómo funcionan unos y otros, hay que conocer los formatos, hay que estar a la última en estrategias de comunicación, hay que estar en permanente aprendizaje y adaptación en función de la compañía para la que se trabaja.

En esta maraña comunicativa, quizá alentados por la precariedad laboral de la que no terminamos de despegar, son muchas las agencias y expertos en comunicación que caen en el buenismo mal entendido y en la sumisión más absoluta del que contrata.

Recientemente me he topado con algunas claros ejemplos en los que hay que decir un NO rotundo, aún riesgo de perder al cliente o tener que decirle adiós motu proprio. Soy de las que piensa que más vale un trabajo digno, creativo y retador que un sometimiento a decisiones que sabes que no son coherentes o éticas, o que no van a tener ningún resultado.

Todos a lo digital

El auge y despegue de las redes sociales en las pequeñas y medianas empresas ha contribuido en gran medida a que algunas compañías vayan en esta línea. Quieren formar parte del nuevo panorama digital pero no tienen claro porqué y, lo más importante, para qué. Sólo quieren tener muchos fans y followers sin pararse a pensar cuál es el fin último.

Con ese fin obtuso se embarcan en un viaje en el que contratan a alguien para que les guíe de manera ficticia por el entorno de los Social Media que ellos desconocen. Digo ficticia dado que es la propia compañía quien decide cuándo empezar el viaje, con cronogramas para aprobar con semanas de antelación, y sin generar ningún tipo de contenido propio.

He aquí un claro ejemplo en el que es preciso decir NO, porque estos señores no tienen ni idea de qué va esto. Las redes sociales son ventanas al mundo en las que compartir contenido atractivo (propio y ajeno), participar en conversaciones, formar parte y crear comunidades interesante en torno a gustos e intereses comunes, intervenir, colaborar, cooperar… va de esto y de tener una estrategia de marca.

Se necesita estrategia

Otro ejemplo es el de ese cliente que después de haberte hecho pasar por un infierno de concurso –secretismo sobre las agencias concursantes, seis propuestas de comunicación con la excusa de pasar fases, etcétera– resulta que cuando empiezas a trabajar con ellos te piden una nota de prensa para comunicar el lanzamiento de un producto exactamente igual que otros ocho que ya hay en el mercado. Caso que merece otro gran NO.

Son los expertos en comunicación los encargados de evaluar lo que es o no comunicable, la estrategia a seguir y por supuesto la forma y el momento. Es cierto que es preciso alinearse con la dirección del negocio, pero quizás no se tenga que comunicar mediante ese formato, quizás no sea el momento adecuado, y, lo más importante, esa acción debe obedecer a una estrategia de comunicación general de compañía.

Podría poner más ejemplos de sinsentidos empresariales respecto a la comunicación, pero son los expertos en comunicación quienes tienen que poner los puntos sobre las íes y no dejar que ‘ellos’ decidan cómo comunicar, porque a la larga ese cliente está perdido. Podrá durar un tiempo en el que ninguno de los dos, sobre todo el de comunicación, se sienta cómodo, pero al final la relación no será satisfactoria.

Somos nosotros quienes tenemos que hacer entender el valor de la comunicación e intentar convencer al cliente con argumentos solventes de que es preciso utilizarla con cautela y de la manera más adecuada. Es decir, aprender cómo decir que no, pero ese es otro tema.

Aquí viene perfectamente a cuento el dicho de: ‘Más vale una vez colorado, que ciento amarillo’. ¿Qué opinas, estás de acuerdo o eres más del naranja?

 

Mónica Bernardo

Mónica Bernardo

Consultora senior / Social media / Agencia comma

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