En Agencia comma llevamos unos meses de actividad muy intensa con propuestas, concursos y arranques de clientes nuevos. Será cosa del verano, y más en este contexto pandémico, en el que estamos con muchísimas ganas y necesidad de descansar y desconectar, y queremos dejar todo bien cerrado antes de pillar la sombrilla. Hace algún tiempo, nuestra CEO Silvia Albert reflexionaba en este blog sobre la compleja tarea de buscar una agencia de comunicación. Si te encuentras en ese proceso, o te lo estás planteando, te recomiendo que le eches un vistazo.

Se trata de un tema que hemos abordado en muchas ocasiones: desde el debate sobre si deben cobrarse o no las propuestas, teniendo en cuenta la cantidad de recursos, energía y talento que se vuelcan en el proceso; pasando por un repaso a las claves para organizar con éxito un concurso, o las pistas para acertar a la hora de hacer la elección.

Pero hoy me gustaría hablar, desde nuestra experiencia como agencia con 22 años a la espalda, de un aspecto recurrente que solemos encontrarnos durante los procesos. Se trata de la tendencia, por parte de muchas compañías, a buscar la agencia o el partner “perfectos”, en el sentido más puro de la palabra. Lo que no encuentras al buscar una casa, un trabajo, una pareja… ¿tiene sentido buscarlo en un equipo de comunicación?

Desde mi punto de vista, la confusión suele venir por una falta de coherencia entre lo que la empresa cree que quiere y lo que en realidad necesita. A veces, esto se traduce en enfocar un concurso con ciertas ideas preconcebidas que dificultan el proceso comunicativo durante el concurso (¡qué ironía!), ya que el potencial cliente no está escuchando realmente lo que le cuentas, sino que está esperando a que digas las palabras exactas que espera. Sobre esta frecuente falta de coherencia también ha escrito recientemente nuestro compañero Carlos.

Otras veces, la mera falta de tiempo o de recursos hace que las personas encargadas del concurso no puedan dedicarle la energía y concentración necesarias al proceso, y se limitan por tanto a comprobar una lista preestablecida de requisitos, sin prestar atención a lo que las agencias realmente le están ofreciendo.

En cualquier caso, mi opinión es clara: en comunicación, como en todo en esta vida, debes aspirar a un trabajo de excelencia, nunca a la perfección, que no existe. El nuestro es un oficio que se basa en percepciones subjetivas de una realidad fáctica (¡ojo! que no objetiva…); para mi, esto hace que se asemeje mucho a las relaciones personales, en las que la sensibilidad, la empatía y la adaptabilidad juegan un papel mucho más importante en la labor de comunicación que el falso perfeccionismo o las promesas vacías.

la excelencia en comunicación

En una realidad tremendamente compleja y fragmentada, tratar de concebir una tarea o proyecto como un camino claramente marcado con pasos definidos que te va a llevar inequívocamente a una meta ya preestablecida es iluso y contraproducente. Si no practicas la escucha activa, la observación, si no eres flexible y te adaptas con agilidad a un contexto cambiante, aceptando que el lugar al que llegues no era el previsto, te toparás con una enorme frustración y con resultados decepcionantes. Eso es en realidad a lo que tienes que prestar atención cuando busques a una agencia, o cuando te plantees si la agencia con la que trabajas es realmente la adecuada para lo que tú y tu organización necesitáis: ¿te escucha? ¿te entiende? ¿es honesta? ¿admite equivocaciones y las corrige? ¿fundamenta sus recomendaciones con argumentos? ¿te cuenta lo bueno, pero también lo malo?

Estas son las claves que apuntan a la excelencia, y a las que debes prestar atención al valorar si tu equipo de comunicación es el que necesitas:

  • Visión estratégica: no siempre se tienen claros cuáles van a ser los resultados de un plan de acción, pero si van respaldados por una estrategia consensuada y a largo plazo, sabrás que va en el buen camino.
  • Honestidad: una cualidad muy ligada con la empatía, y que es necesaria para construir un vínculo de confianza indispensable en cualquier relación profesional. Nuestra compañera Cristina lo explicaba muy bien hace unas semanas.
  • Ambición: el trabajar con objetivos realistas y alcanzables no significa que no haya que apuntar alto. Con los pies en la tierra y la mirada en el cielo es como se consigue mantener esa tensión creativa necesaria.
  • Atención al detalle (sin perder de vista el paisaje): nuestro eslogan nos define, sabemos que hasta el más pequeño elemento puede ser relevante. Al mismo tiempo, no debe uno perderse en lo accesorio y olvidar el mensaje principal.
  • Sentido común: el mantra que debe estar tatuado en la mente de todo profesional de la comunicación. En época de vendedores de humo, infoxicación, filtros de Instagram y titulares que caducan a los 10 minutos, sin sentido común, estamos perdidos.
Imagen: Rawpixel / Envato



 

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Laura Seoane

Laura Seoane

Consultora senior / Agencia comma

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